Hockney y tomkins: un diálogo sin voz, un legado que resuena

David Hockney, el pintor que desafió la perspectiva y la memoria, se despide a sus 91 años. Pero su último encuentro, una hora de charla a Zoom con el periodista Tad Tomkins, se convirtió en un eco de conversaciones interrumpidas, un susurro de ideas que, paradójicamente, generó más ruido que un griterío.

El arte de la conversación: un ‘shooting the breeze’ con el genio

El arte de la conversación: un ‘shooting the breeze’ con el genio

Tomkins, un cronista consumado con una visión única, ya había rechazado la idea de un perfil tradicional. “¿Por qué no simplemente una conversación? Dos viejos charlando sobre arte y vida y vida y arte…”, anhelaba. Un intento de evadir la sobrecarga de investigación y el coste físico de la “legally blind” que le diagnosticaron. Un chiste sobre una fotografía, una frase lapidaria de Hockney: “Es un hombre de un ojo mirando a través de un pequeño agujero”.

El encuentro virtual, programado con motivo de su monumental exposición en París, fue una anécdota, un paréntesis en un universo creativo que siguió floreciendo. Hockney, con su icónico jersey turquesa y traje a medida, iluminaba la pantalla con la misma intensidad que sus lienzos. Observaba, sin prisas, las pequeñas manías de Tomkins, la manera de encender un cigarrillo con una sola punta, una danza silenciosa de complicidad.

La conversación, aunque breve, revelaba un espíritu indomable, una voluntad de seguir pintando, de explorar nuevas vías.