Ono: la rebelión de la imaginación, más allá del arte

En 1971, Yoko Ono sembró el caos en el MoMA de Nueva York con una performance que desafió la definición misma del Arte: una invasión de polillas y la invitación a seguir su rastro a través de la ciudad.

Una provocación que trascendió el lienzo

La artista, lejos de presentar una exposición convencional, instaló cámaras alrededor del museo, registrando las reacciones del público ante la ausencia de obra. Algunos, absortos en la búsqueda de las polillas, se sumieron en un debate existencial. Otros, desconfiados, descartaron la iniciativa como una locura. Pero una simple observación de un niño, que lo único que deseaba era un museo “muy bueno”, encapsuló la esencia de su proyecto: la capacidad de la imaginación para crear realidades alternativas.

Más que un escándalo, una filosofía

Más que un escándalo, una filosofía

La retrospectiva ‘Music of the Mind’ en The Broad de Los Ángeles, que recorre su obra desde los primeros ejercicios conceptuales hasta sus más recientes intervenciones, revela la profunda preocupación de Ono por la naturaleza de la percepción y la importancia de la voluntad. La muestra, que se extiende hasta octubre, no es una cronología exhaustiva, sino una exploración de las múltiples facetas de su universo creativo, un territorio vasto e inexplorado.

«Hay un universo muy grande de trabajo de Yoko que no está representado en el show, y no podría», explica Connor Monahan, su director de arte durante casi dos décadas. «No hay una sola muestra que pueda abarcar todo el trabajo de Yoko». La obra de Ono, lejos de ser una anécdota o un mero incidente, redefine la relación entre el artista y el espectador, reivindicando el poder de la imaginación como herramienta fundamental. Como la niña del MoMA, Ono nos recuerda que la verdadera “obra” reside en la capacidad de crear significado, incluso en la ausencia de una manifestación tangible.

Más allá de la controversia que la rodeó, Ono se erigió como una figura clave en el desarrollo del arte conceptual y performativo. Sus intervenciones, a menudo desafiantes y subversivas, desafían las convenciones del museo y cuestionan la noción misma de autoría. Su filosofía, plasmada en obras como ‘Grapefruit’, nos invita a “escuchar el sonido de la Tierra girando” o a “dibujar un mapa para perdernos”.

‘Music of the Mind’ no solo expone su legado artístico, sino que también revela la resiliencia de una artista que, a pesar de las críticas y la marginación, ha seguido creando, transformando y provocando. Como la afirma su director, “Ella tiene una gran capacidad de cambiar el valor de las cosas”. La muestra culmina con una serie de intervenciones participativas que invitan al público a contribuir a la creación de la obra. Desde la colocación de deseos en los árboles del museo, hasta la pintura de un lienzo con clavos y cabellos, cada acción se convierte en una expresión de la imaginación colectiva.

La obra de Ono, lejos de ser un mero ejercicio de provocación, se erige como un llamamiento a la reivindicación de la imaginación como una fuerza vital. Un recordatorio de que, incluso en un mundo dominado por la lógica y la razón, el poder de soñar y crear sigue siendo la clave para transformar la realidad. Como la niña del MoMA, podemos encontrar un museo “muy bueno” en la simple capacidad de imaginarlo.