La inclusión en pasarelas se estanca: el lujo se distancia de la diversidad

Tres años después de que Vogue Business publicara su informe sobre la inclusión de tallas, la realidad es desalentadora: la representación de modelos de tallas grandes ha disminuido drásticamente en las pasarelas.

¿Un retroceso en la industria de la moda?

¿Un retroceso en la industria de la moda?

El informe de Vogue Business revela un panorama sombrío: la proporción de modelos de talla estándar (US 0-4) ha alcanzado su punto máximo en las últimas temporadas, mientras que la representación de tallas medias (US 6-12) y grandes (US 14+) ha experimentado un descenso considerable.
La cifra habla por sí sola: en la temporada FW26, la representación de modelos de talla grande llegó a su nivel más bajo desde que comenzaron a realizarse los informes, empatada con la temporada anterior.

La iniciativa, que buscaba presionar a las marcas a diseñar para cuerpos más diversos, parece haber perdido fuerza. El análisis de Vogue Business revela que, en lugar de adoptar una mayor inclusión, muchas marcas han optado por una estética de delgadez extrema, relegando a un segundo plano a las modelos con curvas.

Pero la falta de representación en las pasarelas es solo la punta del iceberg. Una encuesta realizada a casi 700 consumidores reveló que casi la mitad se sienten presionados a perder peso, y la principal razón es la dificultad para encontrar ropa que se ajuste correctamente.

Abisola Omole, conocida como ‘Abi Marvel’, investiga la disponibilidad real de tallas en tiendas de lujo. Su investigación ha demostrado que, si bien la representación en las pasarelas puede ser diversa, la oferta en las tiendas a menudo no lo es.
“A veces, las prendas más grandes se guardan y el cliente no sabe que existen”, explica.

Algunas marcas, como Dior y Chanel, están mostrando un cambio, pero aún queda camino por recorrer. Chanel, por ejemplo, ofrece tallas 50 y 52 (US 16-18) en su colección actual, una opción que no se encontraba fácilmente en el pasado.

La diferencia entre la representación en la pasarela y la disponibilidad en las tiendas es abismal. Los consumidores se ven obligados a reservar citas para asegurarse de que las tiendas tengan tallas disponibles. Esta desconexión pone de manifiesto una problemática que va más allá de la mera estética.

Vogue Business continuará investigando y mejorando sus datos, impulsando un cambio en la industria, aunque las marcas lo deseen o no. La presión para ajustarse a los cánones de belleza delgados persiste, y el impacto en la salud mental de los consumidores es palpable.

El reto no es solo aumentar la oferta de tallas grandes, sino desafiar la cultura de la delgadez que domina la industria. La obsesión por la apariencia, alimentada por tendencias como el ‘looksmaxxing’, ha creado una presión constante para ser más delgado, independientemente de la talla.

La solución no reside en el individualismo. Los cambios deben provenir de una profunda transformación en la manera en que la industria concibe la belleza y la representación. La industria de la moda, que se presume líder en tendencias, se encuentra, en realidad, atrapada en un ciclo de delgadez que perpetúa la exclusión.

Y mientras las pasarelas sigan mostrando cuerpos irreales, el problema persistirá.