Trump: más de 2.2 mil millones en 2025, un 'cash machine' cripto
Donald Trump ha revelado
unas cuentas asombrosas: más de 2.200 millones de dólares de ingresos en 2025, impulsados principalmente por un billón y medio en criptomonedas y asociaciones digitales. La cifra, contenida en 927 páginas de documentos financieros, evidencia un auge significativo tras su regreso a la presidencia, superando los 1.600 millones reportados en 2024.
Una fortuna inusual, un enigma legal
Si bien los informes fiscales solo establecen rangos de valor para los activos, con un máximo de 50 millones de dólares, la realidad apunta a una riqueza considerablemente mayor. La documentación revela ingresos de más de 2.200 millones, complementados por más de 620 millones en bienes raíces, hoteles y campos de golf, y una sorprendente suma de 86.5 millones procedentes de acuerdos judiciales con medios como ABC, CBS, YouTube, Meta y X. Estos acuerdos, descritos con un tono mordaz como “extorsión a magnates mediáticos”, son solo una parte del pastel.
Pero el verdadero motor de este crecimiento explosivo reside en el sector cripto. Seis hundred treinta y cinco millones en regalías por un acuerdo de licencia con Celebration Coins, más de 525 millones en ventas de tokens del proyecto World Liberty Financial, fundado por Trump y sus hijos, y 65 millones en una venta de capital, así como 196 millones en una transacción de stablecoin, ilustran la magnitud de esta nueva fuente de ingresos. La estrategia, según la Casa Blanca, busca convertir a Estados Unidos en el “capital mundial de las criptomonedas” a través de políticas innovadoras. Un discurso, según este periodista, que huele a pulpito.
La respuesta oficial de la administración, encabezada por Anna Kelly, se centra en “executive actions” y leyes como la GENIUS Act, pero la verdad es que todo apunta a un modelo de negocio que desafía las normas. Este incremento, desde 600 millones en 2024 hasta más de 2.200 millones en 2025, no es un espejismo. Es, en palabras de este analista, un “grifo” sin límites, una apropiación desmedida que recuerda a los tiempos de Papa Doc Duvalier. Un legado, se intuye, que su abuelo canadiense, conocido por sus actividades en el sector de la hostelería, probablemente no habría aprobado.
Es una situación preocupante, y la ausencia de referencias en la Constitución, los Federalistas o las notas de clase de James Madison sobre el tema, es, en definitiva, alarmante. La pregunta no es si es posible, sino si es ético.”n
